Sanatorio Beelitz-Heilstätten

Un gigantesco complejo hospitalario abandonado en un bosque oscuro y húmedo. En el top five de los sanatorios abandonados sin duda, el Beelitz-Heilstätten merece un puesto privilegiado.

Hospital del Tórax

Fenómenos paranormales, ritos satánicos, suicidios, restos humanos, actores y directores de cine como testigos privilegiados. Desde su apertura hasta nuestros días, se puede hallar la sensación de muerte, que nos transmite al recorrer cada uno de sus pasillos y visitar cada una de sus estancias.

Mansión Winchester

La casa norteamericana más embrujada, la Misteriosa Mansión Winchester, tiene 4 pisos, 467 entradas, 47 chimeneas y 2 espejos.

La mujer con la boca cortada

Kuchisake-onna es una leyenda de la mitología japonesa. Trata sobre una mujer que fue asesinada y desfigurada por su esposo, convirtiéndose en un yokai que regresó para vengarse.

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Mansión Lalaurie

Digamos que esta historia no es para los débiles de corazón.... ni para los débiles de estómago tampoco. Relata trágicamente el exceso brutal de la esclavitud de una manera horrible y espantosa, porque por más de 150 años, a través de varias generaciones, la mansión Lalaurie se ha considerado el lugar más encantado en el barrio francés.

Mansión Lalaurie
Esta historia de terror comenzó en 1832. El Doctor Louis Lalaurie y su esposa Delphine se mudaron al número 1140 de la calle Royal para comenzar una nueva vida codeándose con la alta sociedad de la época. El matrimonio se hizo famoso por sus relaciones sociales y la gran riqueza que poseían.  
Madame Lalaurie fue conocida por ser la mujer más influyente de la ciudad. La gente que era invitada a las fiestas conocía la hermosa casa de 3 pisos y sus decoraciones. Los que hablaban con Madame Lalaurie se quedaban impactados por su belleza y su inteligencia y no dejaban de hablar de ella durante la fiesta. Pero ese era el lado que les permitían ver. Había otro lado más oscuro. Debajo de la tela elegante de su increíble vestido había una mujer cruel de sangre fría. 

La Mansión Lalaurie era atendida por docenas de esclavos y Madame Lalaurie era muy cruel con ellos. Mantenía a su cocinera amarrada a la chimenea de la cocina con cadenas, otros esclavos eran tratados aún peor. Existían muchas sospechas a causa de la rapidez con la que los esclavos eran contratados en la casa. Las sirvientas eran remplazadas sin ninguna explicación, el chico que cuidaba el establo un día desapareció y jamás lo volvieron a ver. Hasta que un día un vecino iba subiendo las escaleras de la casa, escuchó un grito y vio a Madame Lalaurie corriendo tras una niña con un látigo. Siguió a la niña a la azotea y allí vio como la niña saltó al vacío. Posteriormente, vio como la niña era enterrada en el jardín. Los vecinos lo denunciaron y el matrimonio se vio obligado a vender los esclavos. A pesar de esto, Madame consiguió que un familiar los comprara y se los devolviera en secreto.

Después de este suceso nadie asistía a los eventos de La Mansion Lalaurie. La familia fue ignorada. Un día un terrible incendio se propago por la mansión. Según cuentan fue la propia cocinera la que inició el fuego harta de los maltratos y abusos a los que era sometida. Después de apagar el fuego los bomberos encontraron una puerta secreta en el ático, al entrar se encontraron docenas de esclavos, amarrados a la pared en condiciones bastante lamentables. Unos fueron encontrados atados a mesas de cirujano con las intervenciones quirúrgicas más macabras y aberrantes que la mente pueda imaginar. Otros fueron encontrados con los ojos o la boca cosidos, otros presentaban amputaciones por diferentes partes del cuerpo, practicaron operaciones de cambio se sexo y cualquier tipo de operación extraña que se les ocurría. Se encontraron también a muchos de estos esclavos metidos en jaulas para perros. Había restos humanos en descomposición por todas partes, cabezas, órganos metidos en jarras. Algunas de las mujeres tenían los estómagos abiertos y sus intestinos enrollados en sus propias manos. Los hombres estaban en peores condiciones. Sus uñas habían sido arrancadas, sus ojos sacados, y las partes íntimas amputadas. Cuando llegaron los bomberos aún había personas vivas.

Madame Lalaurie y su familia huyeron, unos dicen que a Francia y otros que se fueron a vivir al bosque cerca de un lago. No existen archivos en los que se constate que fueran castigados por los crímenes. El matrimonio desapareció como por arte de magia. Después de esto la casa fue saqueada y durante un tiempo estuvo habitada por vagabundos que iban allí a pasar la noche. Se decía que la gente que entraba y a no volvía a salir. Los vagabundos se van de allí asustados por los espectros que dicen se les aparecen en toda la casa. Más tarde, la casa la paso a ser un colegio para niñas pero también acaba por ser desalojada por el mismo motivo. Finalmente, la compra un magnate de la ciudad que al poco tiempo decide marcharse asustado también por las cosas extrañas que ocurrían. Actualmente, la casa ha sido redecorada y usada para apartamentos. Pero pese a los lavados de cara la mansión sigue siendo una puerta al infierno donde los sucesos extraños y terroríficos no dejan de sucederse.

La Dama de Blanco de Palavas

Dama Blanco
La Dama de blanco de Palavas, Francia, ha sido parte del folklore local durante mucho tiempo, pero reaparece ocasionalmente en el relato de viajeros nocturnos.
Hay muchos relatos de encuentros con fantasmas en las carreteras, conocidos como “autopistas fantasmas”. Entre ellos, el que ocurrió el 20 de mayo de 1981 en Palavas.
Cuatro amigos que retornaban a Montpellier en un Renault rojo, a la doce y media de la noche. Las dos chicas viajaban atrás y los chico adelante.
A la salida de Palavas, ven a una señora cincuentona haciendo autostop. La dama viste con impermeable blanco hasta las rodillas, y pañuelo blanco también cubriéndole la cabeza. Los amigos se detienen para llevara, la señora asciende al vehículo y se instala detrás entre las dos chicas, sin decir palabra.
Cuando llegan a un cruce donde hay una curva muy pronunciada, la pasajera grita “cuidado con la curva”. El chofer y el acompañante prestan atención a la curva, pero sienten los gritos desesperados de las chicas, que los obligan a mirar hacia atrás, para descubrir que la autostopista ya no está.
Recuperados de la sorpresa, se dirigen a la estación de policía de Montpellier para efectuar la denuncia.